EMOCION
EL CUERPO NUNCA MIENTE

Sostiene Avenio que el cuerpo siempre se entera antes que nosotros de lo que estamos sintiendo.
La primera vez que escuchó esa teoría fue en la consulta de un compañero médico. Un paciente aseguraba encontrarse perfectamente, mientras sus manos, aferradas al reposabrazos, parecían estar librando una batalla contra un enemigo invisible.
—No estoy nervioso, doctor.
Pero el pulso acelerado, la respiración entrecortada y una fina película de sudor sostenían exactamente lo contrario.
Desde entonces, Avenio desconfía de las declaraciones solemnes y presta más atención al lenguaje del cuerpo. Es un idioma antiguo, muy anterior a las palabras. Un idioma que nunca pasó por el bachiller y, sin embargo, rara vez se equivoca.
Lo que llamamos sentir una emoción no es otra cosa que tomar conciencia de lo que el cuerpo ya está haciendo mientras el cerebro intenta ponerle nombre.
Por eso hablamos de «un nudo en el estómago» cuando aparece el miedo. De «un corazón encogido» cuando llega la tristeza. De estar a punto de explotar» cuando nos visita la ira. O de esas misteriosas mariposas en el estómago que anuncian el enamoramiento mucho antes de que uno se atreva a reconocerlo.
Resulta curioso que describamos las emociones con metáforas corporales. Nadie dice: «Hoy tengo una ligera activación de la amígdala cerebral». Decimos que nos falta el aire, que se nos hiela la sangre o que las piernas nos tiemblan. Y todo el mundo lo entiende.
Antonio Damasio neurólogo, explica que las emociones son respuestas biológicas y que los sentimientos aparecen cuando somos conscientes de ellas. Es decir, el cuerpo escribe primero el borrador y el cerebro redacta después la versión definitiva.

Quizá por eso los grandes actores no solo aprenden un texto: aprenden a respirar, a mirar, a caminar y hasta a guardar silencio. Saben que el cuerpo puede contar una historia mucho antes de que la boca pronuncie una sola palabra.
Avenio sospecha que muchas discusiones de pareja terminarían antes si, en lugar de preguntar «¿Qué te pasa?», preguntáramos «¿Qué está intentando decir tu cuerpo?».
Porque el cuerpo posee una incómoda costumbre: nunca aprendió a mentir.
Y esa, probablemente, sea la emoción que más cuesta aceptar para uno mismo.

La pasión es otra historia. Estimado lector, o sea Vicente, te prometo un desarrollo de la otra historia, tal que sea oportuno.