PREGUNTAS DE UN NIÑO

3 minutos

Ahora que más de la mitad de los abuelos hemos dejado de ser «nietodependientes» recogiendo y llevando a los hijos de nuestros hijos trabajadores, y el verano nos regala más tiempo para conversar,

vuelvo a acordarme de doña Juana de Hoyos, y de aquel jardín de infancia donde ya se respiraba el método Montessori. Los niños no aprendían porque alguien les llenara la cabeza de respuestas. Lo hacían porque nadie les quitaba las ganas de preguntar. Sé que parece algo petulante, pero con los años he descubierto que las mejores conversaciones no las he tenido con profesores, políticos o conferenciantes, sino con mi nieta Helena. Ella pregunta sin miedo y sin prejuicios.—¿Por qué el cielo no se cae?—¿Quién decidió que esto fuera así? Preguntas sencillas que, de repente, dejan al adulto sin discurso. John Locke escribió que se aprende más de las preguntas de un niño que de los discursos de un hombre. No es una ocurrencia brillante; es una forma de entender el conocimiento. Para él, la mente nace como una página en blanco y se va escribiendo con la experiencia. Cada pregunta infantil es una prueba de que esa página empieza a llenarse. Con frecuencia confundimos saber con comprender. Acumulamos datos, opiniones y certezas, pero dejamos de asombrarnos. El niño hace exactamente lo contrario: antes de aceptar una explicación, la pone a prueba con otra pregunta.

Montessori lo entendió muy bien. El adulto no debía responder a todo, sino preparar el camino para que el niño descubriera las respuestas por sí mismo. Tal vez esa sea también una buena definición de un abuelo. No es alguien que lo sabe todo, sino alguien que todavía disfruta dejándose sorprender por una pregunta inesperada. Porque, al final, los nietos no solo aprenden de nosotros. Nosotros volvemos a poner orden en nuestras cabezas ante las preguntas de nuestros nietos.

Quizá por eso Schopenhauer decía que pensamos demasiado en lo que nos falta y muy poco en lo que ya tenemos. Entre las cosas que solemos perder está precisamente esa curiosidad que nos acompañó durante la infancia. Esa, amigo lector, es otra historia.

Maria Montessori

2 comentarios en «PREGUNTAS DE UN NIÑO»

  1. Jose libra libra

    Ahí, ahí has dado en el clavo, me has hecho recordar las preguntas de nuestros hijos siendo muy chiquitines. Por qué mis nuestros han crecido muy deprisa y no he podido saborear esas preguntas. Abueloooooo.

  2. José luis

    Genial Antonio has dado en el clavo, cuando dejamos de tener la curiosidad de un niño empezamos a envejecer.
    La persona curiosa que cada día descubre algo nuevo, están naciendo todos los días.

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