LA DEMOCRACIA ME ESTÁ VOLVIENDO LOCO. LA DICTADURA, NO

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Sostiene Avenio que los tertulianos que suelen instalarse en Los Arroces de Julia son todos más de derechas que Nuestro Padre Jesús. Derecha natural, sin aprendizaje ni gimnasia: a muerte. A la izquierda ni agua. Y menos aún si está fría.

No suelo prestar demasiada atención a los insultos dirigidos a Pedro Sánchez, sobre todo después del segundo whisky del personal. A esas alturas, el presidente del Gobierno ya no es solamente un político: también es el responsable del calor, de las averías domésticas y hasta de que el arroz haya salido un poco entero.

Juan Antonio, sin embargo, es una excepción. Sabe irritar al más recalcitrante de los tertulianos, situado a la derecha de la derecha. Se hace el longui y formula preguntas sencillas. El señor recalcitrante, incapaz de una mínima flexibilidad, entra siempre al trapo. No sabe, ni siquiera intuye, que en la política actual dos y dos son… vaya usted a saber.

Juan Antonio deja caer una afirmación difícil de digerir:

—La democracia me está volviendo loco.

Silencio en Los Arroces de Julia.

Transcurridos los segundos pertinentes, vuelve a la carga:

—La dictadura, no… Me da igual, la que sea.

El silencio se prolonga.

—En una dictadura te dicen bien claro lo que puedes hacer y lo que no puedes hacer. Como ya estoy mayor, me amoldo y vivo tranquilo el resto de mis días. Pero en democracia no sabes qué hacer ni a quién votar. No encuentro candidatos dignos de mi voto. Es un lío, hombre. Ea.

Una de tantas dictaduras

El señor recalcitrante sabe que no puede manifestarse contra la democracia, por la cuenta que le trae.

—¡Bah! Juan Antonio solamente dice tonterías.

Y busca rápidamente un asunto de marujeo para pasar página.

Winston Churchill, conservador y dueño de un humor formidable, recordó en la Cámara de los Comunes que la democracia era la peor forma de gobierno, salvo todas las demás que se habían probado. Juan Antonio acaba de darle la vuelta: para un hombre de cierta edad, cualquier dictadura tiene la ventaja de ahorrarle el trabajo de elegir.

Churchill prefería la democracia por comparación. Juan Antonio prefiere la dictadura por comodidad. Solamente alguien con buen humor puede sostener semejante barbaridad mientras se termina el whisky.

Juan Antonio es también quien asegura que la gente «está mu loca» y que ahora, precisamente cuando empieza el buen tiempo, se marcha.

—Los del Norte piensan que son más listos que nosotros los del Sur. Entonces, ¿por qué se vienen a vivir aquí?

Estoy absolutamente de acuerdo con él.

Resulta reconfortante comprobar que todavía queda gente de derechas capaz de reírse de la izquierda, de la derecha y, de vez en cuando, hasta de sí misma.

Amigo lector, el buen humor de la derecha. Es, otra historia.