¿TENÍA DUENDE VERLAINE?

El «duende» en el flamenco es un concepto intangible que hace referencia a ese momento mágico, misterioso y de intensa emoción en el que un artista logra conectar de forma visceral con el público. No tiene nada que ver con la perfección técnica ni con el talento ensayado, sino con una fuerza expresiva pura y espontánea que suele conmover hasta poner la piel de gallina. 

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A Federico Garcia Lorca in memoriam

Sostiene Avenio que hay palabras que pierden casi todo cuando se explican. Amor es una. Duende es otra.

García Lorca tuvo la osadía de intentarlo. Decía que el duende era «poder y no obrar, luchar y no pensar». También contaba que un viejo guitarrista le había dicho que el duende no estaba en la garganta, que subía por dentro desde la planta de los pies.

Uno entiende mejor al viejo guitarrista escuchando a Camarón que leyendo cualquier teoría sobre el duende. Cuando arrancaba a cantar, Camarón abría la boca y aquello no parecía proceder exactamente de la garganta. Venía de más abajo. De algún sitio oscuro donde la pena, la rabia y la belleza viven juntas y deben llevarse razonablemente bien.

Paco de Lucía hacía algo semejante con las manos. Uno podía fijarse en la velocidad de los dedos, en el dominio de la guitarra, en una técnica al alcance de muy pocos. Todo eso explicaba a Paco de Lucía y, al mismo tiempo, no explicaba nada. Faltaba aquello que no se aprende en un conservatorio: el duende.

Hasta aquí vamos bien.

La duda le aparece a Avenio al cruzar los Pirineos.

¿Tenía duende Verlaine?

No cantaba flamenco ni tocaba la guitarra. Era francés, poeta, bebedor, enamoradizo, contradictorio y muy poco recomendable para llevar las cuentas de un fondo común. Sin embargo, escribió en su Art poétique: «De la musique avant toute chose». La música antes que nada.

Y quizá ahí estaba su duende.

Verlaine conseguía que las palabras sonaran antes de que termináramos de comprenderlas. Sus versos tienen lluvia, hojas secas de otoño, campanas lejanas, y una tristeza que no necesita explicar de dónde viene:

«La música antes que nada,
y para ello prefiere lo impar,
más vago y más soluble en el aire,
sin nada en él que pese ni pose».

Algo parecido ocurre con ciertos cantes: ignoramos exactamente qué nos han hecho y sabemos que sí, que algo ha pasado.

Lorca conocía bien ese territorio. También sabía que el verdadero duende necesita una herida por donde entrar. Por eso desconfiaba del arte demasiado correcto, de la ejecución impecable que no pone nada en peligro, que no arriesga.

¿Cómo encontrar el duende?

Esa, amiga lectora, es otra historia.