DOSTOIEVSKI NO LO DIJO

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Sostiene Avenio que internet posee una generosidad ilimitada: cuando encuentra una frase sin autor, le regala inmediatamente uno. Si la frase parece profunda, se la adjudica a Dostoievski; si resulta ingeniosa, a Oscar Wilde; y si contiene números que nadie entiende, a Einstein.

Hace unos días llegó hasta mí una imagen del escritor ruso acompañada de esta sentencia. La frase tiene fuerza. Quizá demasiada. Es de esas que nos producen el pequeño placer de estar de acuerdo antes de haberlas pensado.

Dostoievski no la escribió. Según me cuenta ChatGPT, antes de concedérsela al novelista la frase había circulado por internet como chiste anónimo e incluso había sido atribuida al profesor Preobrazhenski, personaje de «Corazón de perro», de Bulgákov, escrita en 2021. Alguien decidió que necesitaba un autor más solemne y se la colocó a Dostoievski. La fama tiene ese inconveniente: permite que un buen escritor siga escribiendo muchos años después de muerto. La cita falsa se parece a la absenta de aquellos antiguos carteles parisinos.

Entra por los ojos convertida en un hada verde, seductora y elegante, y termina produciendo una embriaguez muy agradable: la de creer que nosotros somos las personas inteligentes y que los idiotas son siempre los otros.

El nombre de Dostoievski actúa como el terrón de azúcar que ayuda a beberla. Que la frase sea falsa no significa que el asunto carezca de interés. Una cosa es la tolerancia y otra, muy distinta, la debilidad. Ser tolerante no consiste en renunciar al propio juicio ni en admitir que todas las opiniones son igualmente razonables. Consiste en respetar a quien piensa de manera distinta, escuchar sus argumentos y conservar el derecho a rebatirlos. Se puede respetar profundamente a una persona sin coincidir con todas sus ocurrencias. La verdadera tolerancia necesita cierta fortaleza. El débil cede porque teme el enfrentamiento; el tolerante tiene fuerza para enfrentarse y elige hacerlo mediante razones, sin destruir al adversario. Uno calla por miedo. El otro escucha por educación y responde porque

conserva la libertad de pensar. También conviene advertir que la frase atribuida a Dostoievski denuncia la ofensa mientras llama idiotas a los demás. No deja de ser una contradicción curiosa. La tolerancia no obliga a considerar inteligente una necedad ni concede licencia para convertir en necio a quien la pronuncia. Tal vez Dostoievski habría escrito algo más incómodo: que el inteligente y el idiota no siempre son personas distintas. A menudo se turnan dentro de nosotros. Hay mañanas en que razonamos como Iván Karamázov y tardes en que necesitamos que alguien nos quite la absenta en la tertulia.

La tolerancia permite la discrepancia. La debilidad, sencillamente, se entrega al interlocutor. Esa, improbable lector, es otra historia.

4 comentarios en «DOSTOIEVSKI NO LO DIJO»

  1. Francisco López Soler

    Muy bien Decano. Casi mejor que la primera, la segunda. Una persona inteligente, en un momento dado puede decir lo que para otro, es una tontería.
    Debe estar ya comenzando un doctorado en filosofía o sentido común.