Arremetió

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Ese pasaje del capítulo VIII de la primera parte de Don Quijote de la Mancha es uno de los más célebres de la literatura universal. Su riqueza hermenéutica va mucho más allá de la simple chanza del caballero que confunde molinos con gigantes.

La Hermenéutica del texto: Antes del combate, Don Quijote invoca a Dulcinea como un caballero medieval invocaría a su dama o un creyente a su divinidad. Dulcinea representa el ideal que da sentido a su existencia. «Bien cubierto de su rodela, con la lanza en el ristre». Cervantes describe con precisión el ritual del combate. Don Quijote no improvisa: se prepara con toda la dignidad de un auténtico caballero. Su conducta es coherente con el mundo en el que cree vivir. «Arremetió a todo el galope de Rocinante». El verbo arremeter expresa una entrega absoluta. No hay cálculo ni prudencia. Don Quijote actúa porque considera que el deber lo exige aunque el éxito sea improbable.

Aprendimos a tener claro el concepto de «arremeter‘ cuando mis primos y yo, a la edad de diez años mas o menos, leímos por primera vez y a trompicones «El Quijote». Fue en la permanencia de unas vacaciones de Navidad en la finca de mi tío Pedro Antonio, «La Chiripa». Se llama así porque en la parte norte, muy cerca ya de la provincia de Albacete, en la falda del Picarcho, surgió un pequeño manantial que permitió llenar una balsa para convertir la mayor parte de la finca en regadío. El manantial, con más o menos caudal, no ha dejado de funcionar desde entonces. Cuando ahora, casi setenta años atrás, oigo por ejemplo que Ayuso arremetió contra Sánchez, me viene inmediatamente el recuerdo de El Quijote en la «Chiripa».

Ayuso, estimado lector, es otra historia.

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