Entre mujeres y guapas

El que disponga Vicente

Avenio sostiene que hay hombres que confunden la belleza con un derecho. Ven a una mujer hermosa y creen que el destino les debe algo.

Cuando descubren que la belleza tiene voluntad propia, se declaran víctimas del amor. Bukowski desconfiaba de las idealizaciones: las personas llegan con cicatrices, contradicciones y sueños rotos.

Las mujeres guapas no son una excepción. La belleza abre puertas, pero también somete a demasiadas miradas. Alejandro Sanz, en Las guapas, recuerda que detrás del atractivo hay deseo, orgullo, dudas y despedidas. Al final, la vida habla menos de la belleza que de las personas.
Avenio, que ha visto crecer plantas y personas, dice que el tiempo trata a todos por igual. A las plantas las arruga el sol; a los humanos, las experiencias.

Las guapas también envejecen, dudan y lloran cuando nadie las ve. Con los años, algunos hombres descubren que la verdadera conquista no es enamorarse de un rostro, sino comprender a la persona que hay detrás. Avenio concluye que la belleza más valiosa no es la que detiene una conversación de la tertulia al pasar, sino la que, con el tiempo, sigue sentándose a nuestro lado. Quizá esa sea una buena definición del amor: dejar de perseguir guapas para empezar a admirar a personas.

PD/ «Cásate con un arqueólogo. Cuanto más vieja te hagas, más encantadora te encontrará». (Agatha Christie)
Post PD/.- Creo que Argentina no va a poder remontar el futuro 2 – 0 con el que va a ganar España.