Mendoza dixit:

Los últimos románticos

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Sostiene Avenio que la corrupción en España tiene una virtud poco literaria: la constancia. La corrupción ha sobrevivido a dinastías, repúblicas, dictaduras y democracias.Ya en el Siglo de Oro, mientras unos escribían sonetos y novelas ejemplares, otros vendían cargos, cobraban comisiones y movían dinero con admirable naturalidad. Cervantes conocía bien ese mundo, y por eso sus pícaros siguen pareciendo contemporáneos. Eduardo Mendoza resume la paradoja con ironía: los corruptos se creen los últimos románticos. No se ven como delincuentes, sino como incomprendidos. Cuidan su imagen tanto como su cuenta corriente.

Cambian las monedas, de maravedís y ducados a pesetas y euros.

Cambian los trajes y las siglas, pero el argumento sigue siendo el mismo: todo se hizo por el bien común. Antes se hablaba de honor; ahora, de eficiencia o gobernanza. La coartada cambia menos que la costumbre. Por eso el humor sigue siendo una forma de resistencia. Así que, cuando alguien diga que la corrupción es un invento reciente, basta con abrir un libro de Cervantes o uno actualísimo de Mendoza. España cambia mucho, pero algunas tradiciones insisten en prorrogar su mandato.Y quizá los verdaderos románticos no sean ellos, sino quienes todavía esperan que la honradez deje de parecer una rareza.

O como dice Eduardo Mendoza: «Cuando se vive y se trabaja al margen de la ley, el buen concepto que uno tiene de sí mismo es un bien inmaterial tan importante como el dinero. Los poetas mediocres, los informativos, los cantautores y los seriales de la televisión nos pintan como fieras desalmadas, pero los negociantes corruptos somos los últimos románticos en esta era de fariseos.» (Leído en la página 106 de «La intriga del funeral inconveniente«).
Recomendar lecturas veraniegas, estimado lector, es parte de esta historia.
En esta tierra, se lleva en los genes, unos más y otros menos, pero se llevan. Los llevan los de derechas, los de izquierdas y los del centro, los de arriba y los de abajo.
Hoy he leído que se ha producido una sorpresa, la mayoría de nietos alemanes están sorprendidos de que sus abuelos están en las listas de personas pertenecientes al partido del maldito alemán.