Tomates mirando al mar

A Juan Luis de Pura en el día de su santo.

2 minutos 30 segundos

Si te fijas, o amplias la imagen, en el tercio inferior de la foto pueden apreciarse unos incipientes tomatillos: abajo, cerca de la inserción de la barandilla. Mejor te amplio la imagen y los ves directamente; son iniciales, nacientes,  casi embrionarios y se convertirán en primicias de mi huerta. Casi nadie al aparato.

El asunto es que, al fondo de la imagen, se ve el pequeño balneario que andaba destrozado cuando Vicente lo incorporó a la magnífica portada del relato «Esperando a Godot». Al menos me consta que Vicente sí se acuerda, pues hizo una nueva versión: «Esperando a Godot con sombrilla».

Que tampoco es mal coche.

La tomatera pide agua y abono por un tubo, por lo que  me he visto en la necesidad de llamar a mi alter ego Avenio. Él sabe regar adecuadamente. Que si no llegas es que mal tasas, más ¡ay de tí si te pasas! … Si te pasas es peor.

En zonas litorales de Murcia, Almería, Canarias o el Mediterráneo en general, ésto es un tema muy real porque el tomate puede beneficiarse del clima marino, o también sufrir por el salitre y el viento. Lo del viento me preocupa porque por aquí «pega el levante». El salitre no llega a mi maceta.

Mientras escribo, me adelanto en mi imaginación hacia un futuro no muy lejano, en el que amasaré harina de trigo duro y un poco de la de maíz. Haré un pan carrasqueño en la air fryer, cortaré unas rodajas y las tostaré. Untaré por los bordes un poco de diente de ajo, restregaré un par de tomates (son Cherry), añadiré aceite dorado de oliva y un pelín de sal, y a disfrutar hombre, que ya va quedando poco. Hasta entonces miro con emoción controlada el devenir de mi tomatera. Me la regaló Juan Luis. Esa, por San Juan, es otra historia. Muchas felicidades, Juana y juanes todos.

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