Relatos NO TODOS LOS PRIMOS SON AMIGOS Sostiene Avenio que la familia te la dan hecha y los amigos hay que ir haciéndolos. A veces, por una de esas casualidades que mejoran la vida, ambas cosas coinciden. Tengo tres primos que sirven para demostrarlo. Fernando Bea vive lejos de Murcia. Geólogo, catedrático, hombre acostumbrado a estudiar rocas que llevan millones de años esperando pacientemente a que alguien les pregunte de dónde vienen. Con Fernando mantengo una buena relación. Nos une la familia y algo más importante: las ganas de seguir viéndonos de vez en cuando. Pinki vive en Albacete. Catedrático de Francés, hombre de letras, conversación y memoria compartida. Con él tampoco hace falta recurrir al árbol genealógico para justificar el afecto. Si no fuéramos primos, probablemente seríamos amigos. Y después está José. José vive en Cieza. Eso dice la familia. Podría vivir en Montana, en una isla de las Hébridas o detrás de una montaña del Tíbet y el resultado sería aproximadamente el mismo. No sé siquiera si tiene teléfono móvil. Intentar contactar con él requiere más imaginación que tecnología. José pinta. Y pinta bien, especialmente acuarelas. Tal vez eso explique algo. La acuarela necesita agua, pigmento, papel y silencio. Sobre todo silencio. José parece haber añadido un quinto elemento: distancia. No tengo mala relación con él. Para tener una mala relación hace falta, al menos, tener relación. Y ahí aparece una de esas pequeñas confusiones familiares que aceptamos sin pensar. Decimos «mi primo» como si la palabra incluyera cariño, confianza, conversación y recuerdos compartidos. Cuando decimos “hola primo” hay más cercanía La amistad es otra cosa. Un amigo llama. O contesta. Se acuerda de ti y permite que tú te acuerdes de él. Puede pasar mucho tiempo sin verlo y, cuando reaparece, la conversación continúa aproximadamente donde quedó. La amistad admite kilómetros y silencios. Lo que lleva peor es la indiferencia. Fernando es mi primo y mi amigo. Pinki es mi primo y mi amigo. José es mi primo. Quizá algún día consiga localizarlo. Le preguntaré primero si tiene móvil y después por sus acuarelas. No pienso reprocharle nada. Cada cual tiene derecho a vivir a la distancia que considere conveniente del resto de la humanidad. Incluso viviendo en Cieza. Sostiene Avenio que la sangre sirve para establecer parentescos. Para establecer amistades hace falta algo más. Y eso no figura en ningún árbol genealógico.

de Antonio de Hoyos

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Copyright © 2026 Relatos NO TODOS LOS PRIMOS SON AMIGOS Sostiene Avenio que la familia te la dan hecha y los amigos hay que ir haciéndolos. A veces, por una de esas casualidades que mejoran la vida, ambas cosas coinciden. Tengo tres primos que sirven para demostrarlo. Fernando Bea vive lejos de Murcia. Geólogo, catedrático, hombre acostumbrado a estudiar rocas que llevan millones de años esperando pacientemente a que alguien les pregunte de dónde vienen. Con Fernando mantengo una buena relación. Nos une la familia y algo más importante: las ganas de seguir viéndonos de vez en cuando. Pinki vive en Albacete. Catedrático de Francés, hombre de letras, conversación y memoria compartida. Con él tampoco hace falta recurrir al árbol genealógico para justificar el afecto. Si no fuéramos primos, probablemente seríamos amigos. Y después está José. José vive en Cieza. Eso dice la familia. Podría vivir en Montana, en una isla de las Hébridas o detrás de una montaña del Tíbet y el resultado sería aproximadamente el mismo. No sé siquiera si tiene teléfono móvil. Intentar contactar con él requiere más imaginación que tecnología. José pinta. Y pinta bien, especialmente acuarelas. Tal vez eso explique algo. La acuarela necesita agua, pigmento, papel y silencio. Sobre todo silencio. José parece haber añadido un quinto elemento: distancia. No tengo mala relación con él. Para tener una mala relación hace falta, al menos, tener relación. Y ahí aparece una de esas pequeñas confusiones familiares que aceptamos sin pensar. Decimos «mi primo» como si la palabra incluyera cariño, confianza, conversación y recuerdos compartidos. Cuando decimos “hola primo” hay más cercanía La amistad es otra cosa. Un amigo llama. O contesta. Se acuerda de ti y permite que tú te acuerdes de él. Puede pasar mucho tiempo sin verlo y, cuando reaparece, la conversación continúa aproximadamente donde quedó. La amistad admite kilómetros y silencios. Lo que lleva peor es la indiferencia. Fernando es mi primo y mi amigo. Pinki es mi primo y mi amigo. José es mi primo. Quizá algún día consiga localizarlo. Le preguntaré primero si tiene móvil y después por sus acuarelas. No pienso reprocharle nada. Cada cual tiene derecho a vivir a la distancia que considere conveniente del resto de la humanidad. Incluso viviendo en Cieza. Sostiene Avenio que la sangre sirve para establecer parentescos. Para establecer amistades hace falta algo más. Y eso no figura en ningún árbol genealógico. | Tema de: Theme Horse | Desarrollado por: WordPress