FLORILEGIO, UN RETRATO AL MAGNESIO

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Sostiene Avenio que Manrique es un buen amigo; fue uno de sus mejores compañeros de clase a lo largo del bachillerato. Conviene dejarlo dicho antes de empezar, porque un retrato al magnesio tiene un fogonazo que no favorece a todo el mundo.

Cagontó, Manrique no sale… no le va a gustar…
Un florilegio es una colección de fragmentos escogidos de obras literarias. Lo que algunos llamaríamos una selección, Manrique lo llama florilegio. No se lo puede remediar.
Tiene alma de coleccionista desde niño. Conserva la pasión por los libros, la música y el cine, y pretende ser el más leído de sus hermanos. En una familia numerosa no es fácil destacar. Él ha encontrado su sitio entre libros y citas: desde el Lazarillo de Tormes, Rinconete y Cortadillo hasta Anne Carson, premio Nobel de Literatura de 2026.
Los demás leemos lo que podemos. Manrique, además, parece llevar la cuenta.
Necesita demostrar su conocimiento ante sus iguales. Digamos que iguales, con alguna diferencia a su favor. Elevó el baloncesto provinciano de Murcia a un nivel nacional.
Tiene una soberbia arrogante soterrada. Soterrada, sí; tampoco hace falta una excavadora para encontrarla. Si sabes convivir con ella y no conviertes cada conversación en unas oposiciones, tienes un amigo para siempre.
Esto de la amistad, cada uno se la come con patatas. Yo las prefiero al montón.
Cuando nos hacemos una foto de grupo, siempre consigue estar en el centro y es el que va mejor peinado. Los demás aparecemos como nos ha dejado la vida. Él parece haber llegado a un acuerdo con el fotógrafo.
Podría parecer petulante. Luego te trata con una consideración personal que desarma el adjetivo. Le gusta que se reconozca lo que sabe y sabe reconocerte a ti. Esa segunda parte tiene bastante más importancia que la primera.
No recuerdo haber oído un comentario peyorativo sobre él. Alguna guasa, naturalmente. Una amistad que no admite el buen humor acaba pareciéndose demasiado a una auditoría.
Sostiene Avenio que los amigos del bachillerato tienen una ventaja: te conocieron antes de que pudieras arreglar tu biografía. Con ellos no sirve de mucho presentarse como un señor importante. Siempre queda alguien que se acuerda de ti con pantalón corto.
A estas alturas, uno no necesita que sus amigos sean modestos, cultísimos, ni ejemplares. Necesita poder sentarse con ellos sin empezar de nuevo. Retomar una conversación, reírse de lo mismo, y discrepar sin que peligre la siguiente ronda.
Con Manrique existe esa confianza. Su florilegio viene incluido. Cada amistad trae sus condiciones, y ésta no me parece de las más gravosas.
Una de sus frases preferidas es:
—Siempre pagamos los mismos.
La dice mientras Chole ya ha pagado discretamente la ronda y el buen humor reina en el ambiente.
Avenio piensa que esa frase también merece entrar en el florilegio. Con el nombre de su autor y, debajo, el de quien pagó.
Esa, zagales del Alfonso, es otra historia.