ANTES DE DECIR CANGURITO

A Chole, esperando que entienda que no suelo escribir de política

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Sostiene Avenio, con permiso de Groucho y de Chole, que la política consiste demasiadas veces en buscar un problema; encontrarlo, diagnosticarlo equivocadamente y aplicarle después el remedio menos oportuno.Todo eso funciona con relativa comodidad cuando el problema avisa: se constituye una comisión, se encarga un informe y se anuncia una solución para una fecha todavía por determinar. Pero cuando el problema llega sin avisar, ¿qué hacemos primo?… Pues se valora como más convenga. No necesariamente como convenga a quienes lo padecen, sino de acuerdo con los intereses del momento, las encuestas de la semana y las necesidades de un Ejecutivo maltrecho.

Ceuta lleva demasiado tiempo comprobándolo. A finales de julio, la frontera dejó de ser una línea para convertirse en una multitud. Miles de personas llegaron de golpe, y la ciudad volvió a quedar atrapada entre Marruecos, Madrid y Europa. Tres geografías muy respetables que, cuando aparecen las dificultades, encuentran enseguida la cuarta: Ceuta.

A los ceutíes se les supone una paciencia ilimitada. También una capacidad de acogida elástica, como si las plazas, las viviendas, los servicios sociales y la tranquilidad pudieran estirarse según las necesidades políticas del Gobierno. En Madrid se habla de coordinación, distribución y mecanismos de respuesta. En Ceuta se conjugan verbos más sencillos: esperar, soportar y resistir.

Esta instantánea tampoco es exactamente lo que parece. Una fotografía detiene el tiempo y puede convertir un saludo fugaz en una escena de cordialidad prolongada. Pedro Sánchez cumplió con el gesto institucional. Se acercó, estrechó la mano de Juan Jesús Vivas y continuó su camino. Todo duró mucho menos que dos peces de hielo en un güisqui on the rocks. Antes, incluso, de que uno terminara de decir: —»Cangurito», la cámara de fotos, sin embargo, consiguió lo que no siempre consigue la política: prolongar el instante. Quedó una imagen de cercanía, comprensión y respaldo. Una imagen estupenda siempre que no se pregunte cuánto duró la secuencia ni qué ocurrió después. Porque, transcurrido más de un mes, el aliviadero prometido no termina de percibirse. Y conviene aclararlo: Ceuta no es un desagüe, los ceutíes no son figurantes y quienes llegan tampoco son agua sobrante que pueda conducirse de un lugar a otro. La aritmética política funciona de otra manera: los problemas se dividen entre las administraciones, las culpas se multiplican y las soluciones se restan. Mientras Madrid calcula, Marruecos administra sus tiempos y Europa mira de perfil, Ceuta continúa donde siempre: al fondo. Esperando que alguien deje de utilizarla como frontera, decorado o coartada y empiece, por fin, a tratarla como una ciudad. ¡Viva la ineficacia de los políticos! y de ciertas personas de mal vivir. Esa, estimado lector, es otra historia.

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