…Y al fondo, Ceuta

 Cuando tú vas, yo vengo de allí…

Sostiene Avenio que, hasta hace poco, el otoño sabía entrar en su tiempo, sin dar portazos. Llegaba suavemente al caer la tarde. Comprendíamos el mensaje: había que llevarse una rebeca al cine de verano, por si refrescaba. Hemos vuelto a disfrutar de tres tardes así. Solo tres. El aire parecía recordar su antiguo oficio y, por un momento, pensamos que septiembre iba a comportarse como septiembre. Hoy, 2 de septiembre, ha regresado el calor y ha desmontado el principio del otoño antes de que termináramos de creer en él. El calentamiento de los mares y la humedad extrema amenazan con condenarnos a una inestabilidad permanente. El calendario tradicional empieza a desdibujarse.

Será difícil distinguir el veranillo de los membrillos del calor continuo que tendremos antes y después de San Miguel. Para que exista un veranillo, primero tiene que haber un otoño del que pueda escaparse… Y al fondo, Ceuta. Hoy la ciudad celebra su día. La fecha recuerda aquel 2 de septiembre de 1415 en que Pedro de Menezes, conde de Vila Real, fue nombrado primer gobernador de Ceuta, tras la conquista portuguesa de la ciudad. El territorio que hoy llamamos Marruecos era entonces un espacio convulso, fragmentado entre poderes que se disputaban ciudades, costas y rutas comerciales. En 1580, con la unión de las coronas de España y Portugal, Ceuta quedó integrada en la Monarquía Hispánica. Cuando Portugal recuperó su independencia en 1640, los ceutíes decidieron permanecer bajo la Corona española. El Tratado de Lisboa de 1668 ratificó definitivamente aquella decisión. Hay ciudades que aparecen en la historia. Ceuta, en cambio, lleva siglos resistiendo dentro de ella. Quizá por eso conoce mejor que nadie la diferencia entre una frontera dibujada sobre un mapa y una frontera vivida todos los días. Los gobiernos pueden contemplarla desde un despacho. Los ceutíes tienen que habitarla. Hoy Ceuta vuelve a ser protagonista de una realidad menos meteorológica: el Ejecutivo parece haberse distanciado del pueblo soberano. Escucha mejor el rumor de sus propios despachos que la voz de una ciudad acostumbrada a defender lo que es. También la política ha perdido las estaciones. Cuando tú vas, yo vengo de allí… No parece un mal estribillo para explicar ciertos desencuentros. El 29 de septiembre sabremos si todavía existe el veranillo de los membrillos o si el calor, sencillamente, nunca se marchó. Lo que no sabemos es cuándo volverá el Ejecutivo a escuchar a Ceuta. Esa, mi implicado lector, es otra historia.

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