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Las Fernández-Delgado tampoco son mal coche.

Y su padre D. Manuel, muy amigo de mi padre, me sedujo para siempre en una conferencia en la que desplegó un gran abanico de trucos para crear elementos de adornos navideños. No tendría más de trece años cuando me descubrió las enormes posibilidades que tiene la decoración cuando hay talento. Inolvidable. Era la época de las primeras pizarras realizadas por Vicente Martínez Gadea para Navidad. Gente admirable.
«Mucho antes» ya era amigo de Manolete, Joaquín y Rafa. Desde muy pequeño, Rafa jugaba muy bien al fútbol, experto en dribling:
«el dribling, regate o gambeta en el fútbol, es la acción técnica individual de superar a un oponente manteniendo el control del balón. Utiliza cambios de ritmo, fintas y cambios de dirección para eludir defensores y avanzar, requiriendo equilibrio, agilidad y visión de juego.». (De la Wiki)
Joaquín jugaba bien. Rafa mejor. Buena gente.
De Manolete tengo una imagen imborrable, tirando el stick para evitar que la pelota entrara en la portería. Era nuestra época de jugar al hockey sobre patines.
Me consta que Rafa y Joaqui son improbables lectores de mis relatos. Tendría que saber por dónde anda Manolete.

Ayer hablé con Joaqui por nuestra conexión con Luis Torres, pediatra murciano universal. Con los amigos de la infancia pasa que, después de más de medio siglo de no vernos, a mí me da lo mismo, como si ayer nos hubiéramos echado unas pachas, que dirían en Colombia.

Inolvidables Entierros de la Sardina desde los balcones superiores de La Alegría de la Huerta. Y las inauguraciones de las exposiciones en Chys.

Las Fernández-Delgado Cerdá, improbable lector, es otra historia.