

La frase del filósofo y orador romano Marco Tulio Cicerón: «Cuanto mejor es uno, tanto más difícilmente llega a sospechar de la maldad de los otros», recogida en la hoja del calendario del sábado 23 de mayo de 2026,

puede «venir al pelo» a propósito de mi prima Pilar.

Llegaron a casa ayer desde Granada. Fernando y Pilar son más primos cercanos que muchos de mis primos hermanos lejanos. Esto de «la familia», quienes mejor lo entienden de todo el Mediterráneo son los sicilianos. Por lo que oigo en Murcia a mis amigos, aquí también cocemos habas.
Quiero decirte, estimado lector, que mi prima Pilar hace honor a la afirmación de Cicerón. Sostiene que Pedro Sánchez es buena persona, y lo afirma al decir: «pobrecito, está más delgao»… Imposible por mi parte llevarle la contraria. Además, con el maquillaje que le han puesto de esas dos pinceladas verticales por detrás de las mejillas, no me queda otra que darle la razón.
Toda esta historia viene a explicar que las personas bondadosas o virtuosas suelen proyectar su propia rectitud y honestidad en los demás. Por esta razón, su misma pureza interior les impide concebir la malicia, la falsedad o la traición.
La otra historia de mis primos de Granada es que son profesores geólogos, expertos en calcular la edad de la tierra. Y se permiten el lujo de no chulear. Desde su incorporación a la Universidad de Granada en 1992 han formado un equipo de investigación de alto nivel científico con prestigio internacional. Promotores de laboratorios en el seno de dicha Universidad como el UCP-MS (1994), el Laboratory LA-ICP-MS (2001) y el Laboratorio Nacional de Microsonda IBERSIMUS-SHRIMP (2011). Estos laboratorios, en especial este último, tienen como finalidad la realización de medidas de edades numéricas de las rocas ígneas (granitos y granitoides), con participación de investigadores de otras universidades españolas y de fuera de España. Esta técnica se basa en el estudio de los isótopos, entre ellos de circones, que permiten hacer medidas de las edades numéricas de las rocas ígneas de hasta 3.200 millones de años.
Eso sí, se hicieron novios en clase de geología…

Y como tenemos suficiente confianza, se han traído a Panchita, la «ilustre coneja», que a la hora de escribir este relato ya se ha comido todas las hojas del geranio de una maceta que está a ras del suelo. Esa, estimado lector es otra historia.