LOS JUDÍOS DE MENDOZA

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«Los padres de Xuso, el señor Moisés y la señora Sara, de origen incierto». Así despacha Eduardo Mendoza el asunto en La intriga del funeral inconveniente. Y Avenio sospecha que cuando Mendoza escribe «de origen incierto» está diciendo exactamente lo contrario: Moisés y Sara no parecen llamarse así por casualidad. En España, lo del origen incierto viene de antiguo. En 1492 los Reyes Católicos decretaron la expulsión de los judíos que no aceptaran convertirse al cristianismo. Muchos se marcharon. Otros se bautizaron y se quedaron. Y otros llevaban ya generaciones convertidos. A partir de entonces apareció una curiosa especialidad nacional: averiguar quién era cristiano viejo, quién cristiano nuevo y quién tenía un bisabuelo poco aficionado al tocino. La genealogía se convirtió casi en una ciencia policial. No bastaba con ser cristiano: había que parecerlo. Y pocas cosas parecían más cristianas que un buen cerdo. De ahí que las matanzas adquirieran también, en determinados lugares y épocas, un valor social añadido.

Matar el cochino por San Martín, preparar morcillas y chorizos e invitar a familiares y vecinos constituía una magnífica celebración colectiva. De paso, nadie podía acusarte de mantener demasiadas delicadezas alimentarias heredadas de Moisés. «—Tome usted otro trozo de morcilla, vecino». Y el vecino se lo comía. Por si acaso… Porque durante siglos hubo españoles preocupados por demostrar que no eran judíos y otros dedicados a descubrir que sí lo eran. Para eso aparecieron los estatutos de limpieza de sangre, los árboles genealógicos y esa antiquísima y todavía actual afición nuestra a investigar los antepasados y parientes cercanos del prójimo. Lo divertido es que cinco siglos después llega Eduardo Mendoza, coloca en una novela a un señor llamado Moisés y a una señora llamada Sara y escribe tranquilamente: «De origen incierto«. Avenio se quita el sombrero. Eso es ironía. Los nombres, además, son resistentes. Viajan mejor que las personas, atraviesan religiones, fronteras y siglos. Moisés, Sara, David, Raquel, Samuel… siguen entre nosotros sin necesidad de presentar certificado de limpieza de sangre. En cuanto a la circuncisión, Avenio ha oído argumentos religiosos, higiénicos, médicos e incluso alguna teoría particularmente optimista sobre sus posibles ventajas en las relaciones sexuales. Se empieza hablando de Eduardo Mendoza, continúas con los Reyes Católicos y puedes acabar explicando intimidades que nadie te ha preguntado. Y bastante complicado ha sido ya el asunto del cerdo.

Con esto llegamos al pastel de carne y su origen disperso. El Concejo de Murcia estableció normas estrictas sobre los obradores y la calidad de sus ingredientes —carne de ternera, huevo duro y chorizo sobre una base de masa, y cubierto con hojaldre en láminas crujientes, finas y circulares— como se indica en documentos oficiales del año 1695, y que puedes ver, amiga lectora, enmarcado en la pared frente al mostrador de la Pastelería Bonache, situada en la plaza de Las Flores de Murcia. La carne de cerdo en él , si no prohibida, no está recomendada. Así el pastel de carne deviene más universal.
Estimados y asiduos lectores, esa es otra historia.