Un jarrón con flores

Sostiene Avenio que hay paisajes que uno contempla y paisajes que, sin saber muy bien por qué, terminan contemplándolo a uno.
Manuel Avellaneda fue un pintor de éxito. Pintó muchas veces ese secano español que, visto por quien no sabe mirar, parece no tener nada: tierra, algún árbol, una casa perdida, montes al fondo y un cielo demasiado grande.
Manolo sabía mirar.
Mariví, su mujer, que lo conocía bastante mejor que los críticos de arte, dejó de él una definición difícil de mejorar:
—Manolo es como los de Cieza: muy burros por fuera y muy finos por dentro.
No sé qué pensarán los de Cieza de semejante clasificación antropológica. Avenio sospecha que Mariví tenía razón, al menos en lo referente a Manolo.
Y lo conocía bien. Tan bien que formalizaron su noviazgo en la finca de mi madre, en Las Ramblas, Cieza.
Yo estaba allí.
Han pasado sesenta y ocho años. Yo tenía diez.
A esa edad uno no comprende gran cosa de los amores de los mayores. Ve a dos personas cogerse de la mano y no sospecha que está asistiendo al comienzo de una historia que puede durar toda una vida.
Manolo y Mariví se cogieron de la mano.
Y el niño que yo era debió de mirar la escena unos segundos y continuar inmediatamente con asuntos mucho más importantes, propios de sus diez años.
Ahora comprende que aquel gesto diminuto tenía más importancia que muchas de las cosas solemnes que vinieron después.
Quizá por eso, cuando Avenio contempla hoy un paisaje de Manuel Avellaneda, no consigue separar del todo al pintor del hombre.

En el cuadro parece que no ocurre nada.
Y, sin embargo, ocurre todo.
Walt Whitman podía encontrar un universo entero en una brizna de hierba. El paisaje dejaba de ser algo exterior para confundirse con quien lo contemplaba. Algo parecido sucede con los cuadros de Manolo: uno empieza mirando la tierra, los árboles, el horizonte, y termina buscando al hombre que los pintó.
Quizá el secano, la tierra áspera, y cierta contundencia de carácter y de su forma abrupta de hablar, fuera su parte de «burro por fuera».

Y quizá la luz, los azules y la delicadeza con que dejaba respirar un horizonte, fuera la parte que Mariví conocía mejor:
la de fino por dentro.
Hay una historia que explica su carácter mucho mejor.
Hace unos treinta años, Manolo le prometió un cuadro a mi madre para celebrar cierto negocio que habían hecho juntos.
—¿Qué quieres que te pinte?
Mi madre lo tenía claro:
—Un jarrón con flores.
El exabrupto de Manolo, rigurosamente ciezano, debió de oírse en media comarca.
Él pintaba secanos, montes, árboles, horizontes. Un jarrón con flores le parecía asunto poco compatible con su concepto de la masculinidad. La expresión exacta que utilizó para explicarlo prefiero dejarla a la imaginación del estimado lector.
Mi madre no se arredró.
Quería su jarrón con flores.
Y entonces sucedió algo muy de Manolo.
No sabía todavía cómo él quería pintarlo. Ni cómo lo querría mi madre, de modo que se puso a pintar jarrones y flores. Estudió sus formas, sus colores, el peso del recipiente, la fragilidad de los tallos. Pasó bastante tiempo hasta que consideró que podía cumplir su promesa.
Y un día apareció con el cuadro.
El jarrón era oscuro, sólido, rotundo, casi terroso. Parecía pesar.
Pero sobre él había colocado unas flores delicadas, luminosas, casi ingrávidas.
Avenio contempla ahora aquel cuadro y piensa que Mariví había hecho, muchos años antes, la mejor crítica de arte que jamás se escribió sobre Manuel Avellaneda.
El jarrón era Manolo por fuera.
Las flores, Manolo por dentro.
Y para pintar aquellas flores ingrávidas había necesitado antes aprender a mirarlas.
Como había mirado el secano.
Como había mirado los horizontes

Y, quizá, como aquella tarde remota en Las Ramblas en que había mirado a Mariví antes de cogerla de la mano.
Más tarde le dio por pintar las aguas cristalinas del mar entre las rocas cercanas a su casa de veraneo en La Zenia. Esa, estimado lector, es otra historia.

Me encanta!
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Me ha encantado tu relato, amigo Antonio.
Me alegro que te guste 😊
Good stuff, learned a lot. Also check out dacosmic.com for a different angle on it.
Rigurosisima y certera afirmación de Marivi. Y….regalazo amistoso para la madre de Avenio.