EL VIENTO TAMBIÉN VOTA
A Paco López Soler de quien él sabe

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Sostiene Avenio que le resultó curioso cuando el Papa recibió a Bob Dylan, y observó lo que ambos dejaron encima de la mesa. León XIV le regaló un rosario. Dylan respondió con un ejemplar de sus memorias, Chronicles. Cada cual entregó al otro una manera distinta de enfrentarse al misterio.

El encuentro fue breve. El Papa vestía de blanco y Dylan apareció de negro, con la capucha puesta, como si acabara de llamar a la puerta del cielo y no estuviera seguro de que fueran a dejarlo entrar.
Hablaron unos minutos llenos de solericia. El Vaticano no ha contado de qué. Avenio agradece la discreción. En cuanto se publica una conversación privada, deja de ser conversación y se convierte en comunicado.
León XIV ya había citado a Dylan meses antes. Eligió unos versos escritos contra la bomba atómica en 1963: el hombre la creó, el hombre la posee y el hombre la manipula. Más de sesenta años después, la bomba sigue disponible y la humanidad continúa redactando prólogos contra ella.
Dylan lleva toda su vida preguntando cuántos caminos debe recorrer un hombre y hacia dónde sopla el viento. Avenio sospecha que algunas preguntas se hacen famosas precisamente porque nadie consigue responderlas.
Al día siguiente leyó los resultados de las elecciones presidenciales portuguesas.
António José Seguro, socialista moderado, había derrotado con claridad a André Ventura, dirigente de la extrema derecha. Obtuvo cerca del sesenta y siete por ciento de los votos. Lo llamativo era que muchos conservadores habían apoyado al candidato socialista, (cosa que parece poco probable aquí), para impedir la victoria de Ventura.
Avenio se quedó pensando.
Aquellos votantes no se habían vuelto socialistas durante la noche. Simplemente habían decidido que, antes que entregar la presidencia a quien ponía en duda ciertos límites democráticos, era preferible votar a un adversario portugués razonable.
La democracia también consiste en elegir a quien no es de los tuyos cuando los tuyos empiezan a parecerse demasiado a lo que temes.
Ventura perdió, aunque su partido no desapareció. La extrema derecha portuguesa continúa creciendo y ya es la segunda fuerza parlamentaria. El viento no había cambiado definitivamente de dirección. Solo había soplado con suficiente fuerza para cerrar una puerta.
Avenio volvió a mirar la fotografía del Vaticano.
Un Papa estadounidense y un viejo poeta judío conversaban ante un rosario y un libro de memorias. Uno confiaba en la oración; el otro llevaba sesenta años confiando en las preguntas.
Quizá hablaron de Dios, de la guerra o de las canciones que sobreviven a quienes las escriben. Quizá comentaron que Europa continúa decidiendo qué hacer con sus miedos.
Avenio no sabe si la extrema derecha ha comenzado a retroceder. Le basta comprobar que todavía puede perder.
En los tiempos que corren, no es una respuesta. Es, estimado lector, otra historia, o una corriente de aire.