LAS ESTAMPAS DEL DOCTOR TRIFÓN

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Sostiene Avenio que, antes de abrir un mensaje del grupo de antiguos compañeros, conviene comprobar quién está sentado a tu lado.

La precaución se la debe, entre otros, al doctor Trifón, ya fallecido, que nos enviaba al chat del curso del 48 algunas «estampas» con cierta frecuencia.

Lo de estampas tiene sus ventajas. Es una palabra antigua, casi doméstica, que permite contar el asunto sin tener que bajar la voz. Nuestros mayores guardaban estampas entre las páginas del misal. Las de Trifón exigían otras precauciones.

Avenio recuerda aquellos envíos y decide consultar a un sabio. Recurre a Kalikatres sapientísimo y se inventa una conversación:

—“Dinos, Kalikatres sapientísimo, ¿qué es la pornografía?

—El negocio de mostrarlo todo.

—¿Todo, maestro?

—Todo, salvo la cuenta de beneficios.”

La respuesta le parece acertada. En el caso de Trifón, además, había que reconocer una circunstancia: distribuía gratuitamente. El negocio estaría en otra parte. Él se ocupaba de que el material llegara a sus antiguos compañeros.

Avenio nunca le preguntó por el criterio de selección. Ahora comprende que perdió la oportunidad de conocer los fundamentos de aquella actividad editorial.

Porque enviar también es seleccionar. Alguien recibe una imagen, la examina y decide que merece circular. Después elige a los destinatarios. En ese proceso, Trifón pensaba en nosotros.

Avenio procura no ponerse solemne. Le parece excesivo convertir cada reenvío en una declaración de amistad. También sería excesivo recordarlo únicamente por aquellas estampas. Una persona ocupa bastante más espacio que los archivos que deja en un teléfono.

Lo curioso es que la memoria escoge por su cuenta. Uno quisiera recordar a los amigos pronunciando una frase memorable y resulta que los recuerda haciendo alguna de sus fechorías.

Con Trifón le sucede eso.

Hoy, al hablar de pornografía, Avenio se ha acordado de él. De su nombre apareciendo en la pantalla y de aquella manera suya de hacerse presente entre los compañeros.

Vuelve entonces a consultar al sabio:

—Kalikatres, ¿es una falta de respeto recordar a un amigo por las estampas que nos mandaba?

—Depende.

—¿De qué, maestro?

—De si te estás riendo de él o de si todavía te ríes con él.

Avenio lo tiene claro: con él, naturalmente.

Y sospecha que Trifón habría aprovechado la ocasión para mandarnos alguna que otra estampa.

Los relatos que nos contaba, es, antiguo alumno, otra historia.