CUBA, ESPÉRATE LO INESPERADO

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Sostiene Avenio que, a cierta edad, uno puede dirigir un piropo y acabar teniendo que explicar sus intenciones ante una tertulia.

Hoy ha conocido a la nueva camarera de Los Calderos de Julia, recién llegada de Cuba al Mar Menor. Es esbelta, tiene una figura excelente y cincuenta y tres años, según ha confesado con una tranquilidad que Avenio envidia. La conversación ha comenzado con un cumplido.

—Permíteme que te diga que tienes una figura admirable.

Inmediatamente ha considerado necesario añadir unas precauciones sobre el respeto, el machismo y la posibilidad de que sus palabras resultaran inoportunas. La disculpa empezaba a durar más que el piropo.

Ella lo ha mirado y ha respondido:

—Soy cubana.

Avenio se ha quedado descabalgado. Comprende la información geográfica; se le escapa su alcance en aquel diálogo. ¿En Cuba se reciben los piropos con naturalidad? ¿Le está diciendo que puede ahorrarse las explicaciones? ¿Acaba de obtener una autorización?

La mujer sonríe y agradece el cumplido. Avenio da el asunto por resuelto.

Entonces interviene Carmen, una de las tertulianas que escucha la conversación:

—Llévate cuidado. Está buscando marido.

La advertencia le sorprende más que la respuesta de la camarera. Él había elogiado una figura corporal y Carmen ya estaba viendo venir una posible intención de boda.

Avenio siempre ha respetado la intuición femenina. En este caso le gustaría conocer las pruebas. Una sonrisa parece un expediente algo escaso para atribuirle a nadie un proyecto matrimonial.

Su ingenuidad lo deja dudando. Tal vez Carmen haya advertido algo que a él se le escapa. Tal vez la camarera sea, sencillamente, una mujer amable que ha recibido de buen grado un cumplido.

Para aclarar al menos la cuestión cubana, consulta con ChatGPT. La respuesta viene a decir que el piropo tiene arraigo en Cuba y también alguna detractora. Que la clave está en cómo lo recibe la persona. Y añade que una arraigada costumbre cubana no significa que cualquier cubana quiera participar de ella.

Bastante parecido a nosotros, piensa Avenio. De momento, recuerda una antigua canción que aprendió siendo adolescente en el cine, con un aire que su memoria conserva como música country:

La célebre canción «El gran afán del ave es hacer su nido y de la mujer es ambición poder pescar marido» pertenece a la película clásica La novia salvaje (Man Without a Star, 1955), dirigida por King Vidor y protagonizada por Robert Taylor y Eleanor Parker.

La camarera regresa para preguntar si desean algo más.

Avenio pide su segundo whisky, procura hacerlo sin dar esperanzas.

Esa, amiga lectora, es otra historia.