A las 20h 18′ de 22 de Septiembre comienza el otoño

2 minutos

A Ana esperando el otoño juntos

Comienza el otoño. Y al tiempo comienzo un relato en la playa. En este tiempo de hojas caducas que provoca crepusculos dorados.

Canción de Otoño (Paul Verlaine)

Chanson d’automne

«Les sanglots longsi
Des violons
De l’automne
Blessent mon cœur
D’une langueur
Monotone.

Tout suffocant
Et blême, quand
Sonne l’heure,
Je me souviens
Des jours anciens
Et je pleure;

Et je m’en vais
Au vent mauvais
Qui m’emporte
Deçà, delà,
Pareil à la
Feuille morte».

Osea:
«Los largos sollozos
De los violines
Del otoño
Hieren mi corazón
Con monótona
Languidez

Todo sofocante
Y pálido, cuando
Suena la hora,
Yo me acuerdo
De los días de antes
Y lloro

Y me voy
Con el viento malvado
Que me lleva
De acá para allá,
Igual que a la
Hoja muerta».

Y qué me dices, amable lector, de los crepusculos en otoño del Mar Menor…

«Playa de otoño» es un cuento de Pío Baroja publicado en 1900:
«Era una excursión que María Luisa hacía todos los años a principios de otoño. Cuando su marido marchaba con algún amigote a Biarritz o a San Juan de Luz, ella tomaba la diligencia que va recorriendo los pueblecillos de la costa de Guipúzcoa, y en uno de ellos se detenía. El amanecer era de otoño. Una gasa de niebla luminosa llenaba el aire; ni un ruido ni un signo de vida rompía la calma del crepúsculo. A lo lejos se oía el murmullo del mar, lento, tranquilo, sosegado»…
Que digo, amable lector, que para avisar de la nueva estación que se percibe inquieta por los avatares de las inhumanas guerras que nos rodean, mejor que canten al otoño Verlaine y Baroja. También ellos vivieron en tiempos de zozobra, angustia y preocupación. Al parecer es la puñetera condición humana.

Como dice Pura Rodríguez: «Sí, nuestra generación es única, creo que somos afortunados». Y esa, querida lectora, es otra historia.

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