Gloria, a Fuego Lento con ChatGPT

3 minutos

A María Almirall

Imagen y texto generado por IA mediante ChatGPT

FUEGOS es el resultado de mi “entretenimiento” con ChatGPT y los poemas de Gloria Fuertes

Distinguido Lector, siempre que leo algún artículo o recomendación sobre qué hacer con la IA, me recomiendan que no pare de darle caña. Como si quieres tocar bien la guitarra o el clarinete, pues igual hombre. A no ser que quieras aumentar notablemente tu índice de obsolescencia frente a la IA. Tengo antiguos recuerdos: teníamos a bien una máxima Fulgen, Juanito y yo, plagiada de la contraportada del diario As. Decía “La constancia en los reveses dió el triunfo a los  japoneses”. Se trataba de crear desde la nada la Cátedra de Oftalmología de la Facultad de Medicina de Murcia. El único respaldo que teníamos era la figura imponente de Don Antonio Alemán Hernández-Ros. (Lo de primo Andrés, estimado lector, es otra historia).

La Facultad de Medicina de Murcia, como alguno de mis lectores sabéis, se creó en la “pecera” del Casino de la calle Trapería de Murcia, en virtud y armonía con los prebostes murcianos, que se encontraron al unísono con la demanda de que sus hijas (más de 5) querían ir a Valencia a estudiar Medicina. “ -á mais non.. c’est pas posible-”.

“Si mi hija pierde la virginidad, será en Murcia y después de pasar por el Santuario de la Fuensanta, ea.”

-Pues lo mismo digo-

-y yo-, dijo el del puro

-y yo-…

¡-Haremos una Facultad en Murcia-!

…-Y se acabó la música-, dice el último .

Mira por donde, cuando la Facultad llegó a su tercer año de existencia, los avezados Fulgencio Alemán y yo en principio, nos pusimos al tajo de crear la cátedra.

Pues igual… A por la IA.

Mientras escribo este relato me hago cargo del fallecimiento de Manuel de la Calva:

Resistiremos como el junco que se dobla, incluso si no se dobla como antes. Descansa en paz.

¡Ah! Un “correvéydile,” las Multinacionales chinas compraron previamente los montes ahora quemados, y que en su mayoría, contienen tierras raras y sobre todo wolframio.

Esa, amigo lector, es otra historia.

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