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La mayor parte de su superficie está cubierta de hielo. La población se compone mayoritariamente de inuit groenlandeses (Kalaallit)

Una de las posibilidades que tiene Trump para quedarse con Groenlandia es obtener la nacionalidad, y convertirse en inuit. Una vez que ya es groenlandés, en poco tiempo se hace con la finca y, ya de paso, sabe cómo se siente siendo un desplazado de su país de origen. Y como siempre hasta ahora, la comunidad internacional de la OTAN podrá decir lo que quiera, Trump hará lo que le venga en gana, la pela es la pela…

Entre las fiestas navideñas, lo de Venezuela y una gripe invalidante me cuesta bastante escribir este relato por lo obvio que resulta.

Se nos han ido a freír puñetas las estructuras en politica internacional que parecían arroparnos. Aquello de ¡OTAN NO! Bases fuera, parece, ahora, que tenía  sentido.

OTAN significa Organización del Tratado del Atlántico Norte, una alianza político-militar fundada en 1949 para garantizar la seguridad y libertad de sus miembros (principalmente de Norteamérica y Europa) mediante la defensa colectiva, respondiendo a cualquier ataque contra uno de sus miembros como si fuera contra todos, con su sede en Bruselas. 

Ahora EE UU dice que allá os las apañéis, que a Trump no le conviene cuidar de Europa. Con lo seguros que estábamos… y como le dé a Trump por llevarse Rota a Marruecos nos vamos a quedar más desvalidos.

Europa como Sánchez o Sánchez como Europa mantienen un discurso claro y limpio, y ya está. Esa, estimado y paciente lector es otra historia.

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2 comentarios en «Groenlandia»

  1. He leido cuatro formas de quedarse Trump con Groerlandia. La tuya es la quinta y más facil. Como la lean, te hacen asesor.
    He notado la horfandad que he tenido.
    OTAN-No. Es camuflage de escritor. Pillico.
    Rota ya ha sido reconstruida en Marruecos. Que no se ponga chulo el que vive por París, que el primo de Zumosol se alinea con él.
    Un placer Decano.

  2. Hace unos días, en una concentración a la que asistí, volví a oír ese grito: OTAN no, bases fuera, y me acordé de mi abuelo Emilio que, un día, siendo yo un crío y estando con él, de pronto me miró y me dijo: «Malditos yanquis». Alguna barrabasada acababan de hacer, y él no les perdonó nunca lo de la guerra de 1898.
    Ahora, setenta años después, continúan con lo suyo, haciéndose acreedores a aquel comentario de mi abuelo.
    Pues eso, ¡malditos yanquis!

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