Ponferrada, sus bancos y sus helechos

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A Vita

En la otra orilla del río Sil, el Concejal de infraestructuras y demás apaños está haciendo una de las suyas. Al parecer, su vocación de concejal ya le venía de lejos. Lo de los Caballeros Templarios le parecía poca cosa para la magnificencia de su Castillo.

Ataúdes en la orilla del río Sil

-No es un ataúd, es un banco-… dice el Concejal. Los ponferradinos y ponferradinas creen que el Ayuntamiento ha puesto ataúdes a lo largo del refrescante paseo que acompaña al Sil a su paso por Ponferrada.

Castillo de Bran, del Conde Drácula

Más de uno piensa que el responsable de los ataúdes del paseo tuvo en su infancia una reacción de estrés agudo con el Conde Drácula de Barrio Sésamo. Y posteriormente en su preadolescencia con la novela de fantasía gótica de Bram Stoker. 

Él duerme en su ataúd, en Barrio Sésamo.

El asunto de los bancos tiene miga: teóricamente instalados para hacer más agradable la estancia en su área de influencia. Se entiende el concepto, no tanto el modo de resolverlo. También en la estupenda explanada situada a la entrada de la exposición permanente «Fuego Verde», en el edificio de La Térmica Cultural de nueva  arquitectura de aire neoyorkino, 

hay unos bancos rectos, un poco más bajos de la altura anatómica; que para las personas jubiladas resultan algo incómodos al levantarse, sin respaldo y de hierro fundido. He ahí el problema: en el corto verano de Ponfe, la explanada recibe todo el sol a cascoporro, carece de sombra, y no hay huevos a sentarse porque pueden cocerse. Y en invierno, si te sientas, se te hiela el culo. Esos bancos los pusieron unos de Madrid. Pagaba ENDESA.

Helechos milenarios

Sé que el concejal de infraestructuras y lo que haga falta, ha puesto los ataúdes en el paseo del rio, y los de metal de labilidad térmica en la explanada «son de Madrid». ENDESA paga y no se entera, o si, y le importa un pimiento los culos ponferradinos. En politica, hoy en día, es mejor cagarla varias veces, así «tu superior se siente superior»… si él la caga menos veces que tú.

Estimado lector, la Bruja Avería también es otra buena historia.

Qué guapa me siento, cuando soy mala y no me arrepiento.

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